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#NOACEPTOELRETO

Hace unos días empezó a circular por la red social Instagram un reto que pretendía según el texto que le acompañaba generar una red de apoyo entre mujeres para que nos amaramos las unas a las otras, para dejar de lado las críticas que nos hacemos entre nosotras y para que el mundo supiera que “somos hermosas como somos”. Si aceptábamos el desafío debíamos publicar una foto en blanco y negro, nominar a otras dos mujeres, etiquetarlas con el numeral #challengeaccepted o #retoaceptado, y enviarles un mensaje interno diciéndoles que las habíamos escogido porque eran “especiales” y creíamos que ellas sí se iban a unir.

No acepté el reto porque no lograba conectarme con la idea pero tampoco lograba entender bien por qué y decidí escribir para ver si así podía articular la piquiña que me daba cada vez que veía las fotos en blanco y negro.

Sentí bastante escepticismo cuando recibí las primeras invitaciones para unirme, sobretodo por quienes me las enviaban. Le di unas horas a mi incomodidad y cada vez que revisaba el Instagram se acrecentaba en mí una sensación de desconfianza. Pero como sé que suelo ser bastante mal pensada me dije a mi misma: “mi misma dejá de pre-disponerte y mejor esperate a ver que pasa”.

Primero me pareció valiosa la idea de exaltar a otras mujeres y amarnos como somos, aunque no entendía muy bien lo de la foto, ¿por qué una foto en blanco y negro si esas justo disimulan las “imperfecciones” de la piel?. Luego, noté que muchas de las que publicaban sus fotos eran mujeres que he visto criticar a otras por “feas”, “guisas”, “gordas”, “narizonas”, “boletas”, “perras”, “interesadas”, “zanganas” o, “histéricas”. Otras eran actrices o artistas famosas que viven de su imagen y de sus publicaciones. Quise pensar que tal vez el challenge les estaba empujando a dar pequeños pasos para cuestionar la misoginia interiorizada que todas inevitablemente tenemos.

Sin embargo, como la pesimista que soy, también pensé que quizás sólo querían publicar una foto donde se vieran lindas (para los estándares de belleza socialmente aceptados, claro) y pudieran recibir los likes que las redes sociales tanto nos hacen anhelar, alimentando el pedacito de narcisismo que habita en todas, todos y todes. Todo eso disfrazado de discurso sororo, de solidaridad entre mujeres; no porque ellas así lo decidieran conscientemente sino porque el neoliberalismo una vez más, audazmente, había logrado capitalizar la lucha feminista que tan de moda anda.

Volví a decirme a mí misma: “esperate, dejá de ser tan mal pensada”.

En un intento por no sucumbir ante mi arraigada desconfianza, continué explorando las publicaciones a ver qué otras mujeres se unían al reto, irónicamente haciendo justo lo que decía que no debíamos hacer, criticando a otras. Además, hace mucho no pasaba tanto tiempo en instagram, y ahí también estaba sucumbiendo a la trampa que se suponía intentaba descifrar ¿Qué le vamos a hacer?. (Y sí, soy una feminista con incoherencias constantes, crecí en el patriarcado,

Después de un rato me llevé una sorpresa, algunas feministas que admiro y considero referentes, una de ellas una gran amiga, habían publicado su foto. Pensé: “esto puede que pinte bien. Si ellas lo publicaron seguramente lo analizaron y es una iniciativa feminista con gran capacidad de impacto. Hay algo que no estás viendo”. Me puse romántica pensando en lo que se podría lograr si este mensaje estaba siendo recibido como una invitación real a dejar de odiarnos entre nosotras.

Seguían saliendo fotos pero ahora varias tenían un mensaje distinto: “Aprende a ser feliz, no seas injusto contigo mismo”. Lenguaje: masculino, tema: felicidad. Eso definitivamente cambiaba el sentido del reto. Se tergiversaba un mensaje de sororidad, de apoyo colectivo entre mujeres, a uno individualista, sin género, que fortalecía mi teoría inicial de que ésta sólo iba a ser tomada como una publicación para auto adularnos y recibir validación virtual.

No pasó mucho tiempo cuando ¡oh sorpresota!, veo que diferentes artistas famosos, HOMBRES, empezaron a publicar sus fotos en blanco y negro. Algunos incluso fueron retados por mujeres y decían en sus publicaciones que el apoyo debía ser entre todos o se referían a la idea de ser felices como son. Otros confesando que nadie los había etiquetado dijeron que querían manifestarse (claro, ni se nos ocurra quitarle el protagonismo a un macho) porque se consideran “#promujeres” siempre haciendo alusión en sus textos a su capacidad de respetar y admirar a las mujeres porque tienen primas, hermanas, mamás e hijas. O sea hombres que si a ustedes los hubiera criado el abuelo o Baloo el oso y no hubieran vivido rodeados de mujeres ¿no tendrían capacidad de respetar a las mujeres?, ¿estar íntimamente relacionados con nosotras es lo único que les da la facultad, o qué?. Hay que renovar ese discurso amigos, lo mismo dijo el futbolista Sebastián Villa que golpeó a su novia hasta el cansancio y el político Ted Yoho que le dijo “perra” a la congresista Alexandra Ocassio Cortés en Estados Unidos, y no por eso son menos machistas y misóginos, ¿o si?.

A propósito de Alexandra, algunos portales de noticias dicen que el reto empezó como una reacción al poderoso discurso con el que ella respondió los insultos al senador. Otros dicen que el reto empezó en Turquía para visibilizar la crisis por feminicidios y la lucha por mantener la “Convención de Estambul” que brinda herramientas contra la Violencia basada en Género y que está siendo amenazada por grupos extremistas que quieren según ellos, proteger la familia. Ninguna de estas dos problemáticas se visibilizó en el ligero y vacío desafío de fotos.

Y así, viendo cómo el #challengeaccepted se volvió tan viral que lo hicieron en todos los países hasta las y los más famosos, con las fotos más hermosas disimuladas de casuales que encontraron, sin un mensaje profundo, incluso a veces sin el #, cambiando el mensaje por uno que desconoció la necesidad de ponerle género al reto, y por otro que se volvió protagonismo para hombres, se desvaneció la pisquita de esperanza que tuve cuando vi a mis idolas en sus fotos. La mal pensada en mí tenía razón.

No acepté el reto porque creo que no le hace ni cosquillas al patriarcado y por el contrario se alimenta de empoderamiento individualista que le sirve mucho al sistema que privilegia a unas pocas y oprime a la mayoría. El empoderamiento “soy porque soy”, el de la meritocracia, y no el colectivo del “soy porque somos”, el de la sororidad.

Algo frustrante he ido aprendiendo en esto de las redes, y es que entre menos incómodo y más fácil de vender sea algo, más rápida y eficazmente se vuelve viral, y lo que no incomoda amigas, lo que no pica, es porque no está sanando.

No pretendo con esto señalar a quienes lo hicieron, estoy segura que las intenciones son buenas. Sólo quiero recordarles y recordarme a mí misma que SÍ, necesitamos dejar de criticarnos, de seguir modelos impuestos por un sistema que define lo que es lindo y lo que no y que nos ha enseñado a odiarnos. Necesitamos dejar de competir, de darnos palo, de vernos como enemigas y de pelearnos por la aprobación masculina.

Pero creo que no vamos a lograr eso a punta de fotos en blanco y negro, donde ni se nos ve la esencia y, donde consciente o inconscientemente lo que estamos buscando es aprobación. Se requieren acciones diarias, decisiones de vida. Necesitamos comenzar a amarnos entre nosotras como somos sin jerarquías atravesadas por fobias racistas, sexistas, clasistas y sectarias, como bien nos ha dicho Marcela Lagarde; empezando a tejer puentes para otras, en manada y desde nuestra cotidianidad. Finalmente mujeres, como nos lo ha demostrado la pandemia y la historia, si no lo hacemos, las que más llevamos del bulto por partida doble siempre somos nosotras.

**Lorena Gallego Rosero.

https://feminopraxis.com/2020/07/30/noaceptoelreto/